Víctor

Brindar un acompañamiento al aire libre es fundamental para vincularnos con lo más sencillo y esencial: la naturaleza.

Pensar en mi infancia es recordar la época más feliz de mi vida: estar en el presente, jugar en un pueblo seguro, correr por el campo, descubrir la vida día a día…

Esto es lo que me llevó a formarme como profesional de la educación.

Mi andadura empezó en el ámbito del ocio y el tiempo libre, formándome como animador sociocultural, y creando la Asociación En Tu Mente, con la que aún sigo desarrollando proyectos enfocados a la participación juvenil y el desarrollo comunitario.

Al acabar el grado en Magisterio Infantil, con mención en educación musical, y con una sensación de descontento por mi experiencia en la educación pública tradicional, aterricé en Jugar y Sentir. Me cambió la mirada hacia la infancia y me empapé de pedagogías como Montessori o Waldorf, eligiendo e integrando lo más valioso de cada una a mi práctica como acompañante.

Fue aquí también, donde descubrí la importancia de la presencia y la mirada en el acompañamiento, pilares que considero básicos a la hora de estar y guiar a nuestros pequeños en este mundo. He realizado varias formaciones relacionadas con la escucha emocional y la comunicación no violenta pero mi formación más extensa y continuada es la música, que me acompaña desde bien pequeño. La considero el lenguaje del alma, una herramienta pedagógica, un lenguaje universal y un medio perfecto para desarrollar en la infancia.

Mi última experiencia como acompañante me hizo contemplar el medio natural como el escenario perfecto para acompañar algo tan preciado como los primeros años de vida. En Alaire comprendí que tierra y personas están y deben estar en comunión, por lo que brindar un
acompañamiento al aire libre es fundamental para cambiar el rumbo de esta sociedad, desaprender y vincularnos con lo más sencillo y esencial: la naturaleza.

Si queremos cambiar nuestra manera de acompañar la infancia, hay que desprenderse del mundo adulto al entrar por la puerta, hay que observar más, poner sentido común y fijarnos en el proceso, en el camino, donde sucede la magia de la vida.

Volver