El sábado pasado Marigú y Sergio abrieron las puertas de Dos Latidos, una escuela “en la que se reúnen a diario un grupo de niños y niñas para satisfacer su deseo innato de aprender, utilizando sobre todo el dispositivo que nuestra especie ha depurado y perfeccionado a lo largo de millones de años de antigüedad: el juego libre y el aprendizaje auto-iniciado”.

Lo llamaron “taller de experiencias”, es decir, un espacio para reflexionar y compartir su andadura en la creación de la escuela. Allí nos juntamos doce mujeres profesionales de la educación con ganas de conocer lo que hay detrás de una propuesta como la de Dos Latidos, o lo que en la jerga teatral llaman el trabajo “entre bastidores”. Marigú y Sergio nos mostraron sin tapujos, con claridad y generosidad, todos los entresijos de la escuela desde el plano estratégico (forma jurídica, gestiones institucionales), plano operativo (organización diaria, relaciones, actividades) y plano soporte (finanzas, administración, marketing, RRHH).

Cada vez hay más propuestas y formaciones interesantes para quienes buscamos otros procesos de aprendizaje y nos planteamos cómo respetar a los niños y niñas y sus necesidades auténticas. Sin embargo, es muy difícil encontrar información sobre los pasos a seguir para la creación y sostén en el tiempo de estos espacios, escuelas activas y vivenciales. Evidentemente, no hay un sólo camino a seguir pero es fundamental que los proyectos consolidados compartan su recorrido. Las dificultades son muchas, sobre todo cuando no hay comprensión ni apoyo económico ni de ningún tipo a otros modelos educativos (sin currículo, sin asignaturas, sin deberes, sin exámenes) desde la administración.

A veces preguntar sobre financiación puede ser algo muy íntimo, no estamos acostumbrados a compartir cifras y datos de gestión cuando hablamos de pedagogía. Por eso ha sido emocionante la apertura y sinceridad de Sergio y Marigú a la hora de contarnos su visión, cómo han conseguido la homologación y por qué la buscaron, cómo organizan su tiempo, cómo compaginan la escuela y su familia, o cómo van a trasladarse a otra parcela y abrir la etapa de secundaria… En este taller nos han mostrado que a pesar de los obstáculos, se puede y ¡que no estamos solos!

Desde que hemos empezado a materializar este sueño que es El Salto cada vez somos más conscientes de que entramos a formar parte de un movimiento, que ya se está produciendo, y que hay muchísimas personas a nuestro alrededor compartiendo anhelos e inspiración.

¡Muchas gracias a los dos!